
Premura. Extremidad solitaria en el verde del día.

Premura. Extremidad solitaria en el verde del día.
“Sublimar detiene al día en el preciso momento en el que uno se mira a sí mismo sin sentirse observado”. Julia Sargo.
No es que te exhorte a sublimar pero mis propias sublimaciones han puesto aquí una cacofonía con dedicación:
Sublima mi silueta y mi ausencia, mi beso atravesando tus labios y mis ayeres que no quieren ser pasado.
Sublima esta noche y despierta sublimando tu ayuno. Sublima los consejos, tu pulsión de chisme, las tazas vacías y los números sin dueño (tantos tienen al 1).
Respira el sublime mensaje del día, las calles que te siguen el paso, los locos sin ropa y las mujeres que tienen reloj pero no saben cómo usarlo.
Sublima a Freud, a Cortázar, a Saramago y a todos los que no conozco pero que guardas en los ojos.
Sublima la música que no te gusta, los días que te han golpeado y las circunstancias que te hicieron ser malo en el Scrabble.
En la lluvia de las sublimaciones no uses paraguas ni zapatos, debajo de los sublimes flamboyanes desquita las sublimaciones no terminadas, y entre los naufragios cotidianos recuéstate en la cama ya sublimada.
Recorre cada espacio sublimado una vez, dos veces, o tantas como pasos encuentres.
Sublima un grito enérgico, un secreto perfecto, un sentimiento en aumento.
Sublima los miedos que no has temido, las risas que me has dejado, la tozudez de tu enemigo, la galantería del uniformado y las mentiras del espejo.
Compite con el inconsciente sublimando tus recuerdos.
Con lo sublime de la palabra desnuda al silencio y sublima, si quieres, este agradecimiento.
No quiero un silencio que dure menos que un beso, no, ni lo quiero de dimensiones tan enormes que sea imposible su existencia en la mía. Lo quiero, como se quiere lo imposible, perfecto. Quiero que sea transparente, que sea visible en él la inefable situación del hombre; quiero un silencio que me nombre sin esa agonía sorda, que me toque lentamente sin torturas de principios y fines, de frialdades y sudoraciones. También quiero que no porte la palabra mentiroso entre sus epítetos, y que no albergue dudas que tengan respuestas trilladas o que simplemente no las tengan. Lo quiero para comérmelo y llenarme de verdades el alma, para hacerme un vestido largo, tan largo que toque el infinito y llegue hasta mi próxima vida. Lo quiero de acompañante y de estancia, de luz exacta y de oscuridad refrescante. Lo quiero en mi almohada y en cada grano de café que devoro con tanto placer como si se tratara de tus labios. Lo quiero con experiencia en todo menos en causar heridas, con sentido del humor y de la orientación, con tus ojos, con aromas del pasado, con la belleza de un día recién nacido. Lo quiero pero no tengo lo suficiente para obtenerlo, lo quiero pero nadie puede regalármelo, es de muy mala educación.
Torpor [1] No, el día no es lo deletéreo; hay algo que se mueve en él capaz de vejarme, su guasa como cantilena…La barahúnda al menos es rápida, sí, con un dialogo jaculatorio el día logra lo que la serpiente no. Torpor [2] Los juramentos lacónicos se aferran a su extinción, cada vez hay más grietas en ellos, más retahílas ocultas y dignas de anatemas. Pero no perdamos la esperanza, aún hay agua cayendo en la clepsidra. Torpor [3]
Torpor general: inexistente. Siempre hay algo capaz de jugarnos sonrisas y alejarnos de cualquier composición soturna. Jugando, pues, llegamos al olvido. ¿Pero de qué juego hablamos? Ah, del juego del ser y no ser, de comprender sin saber que el tiempo va pasando y el encono también.
Torpor [Postrero]
La felicidad, situada en lo más alto de la pirámide de las intermitencias, da abrazos con afluencia, con calor indómito (como de los que tú te despojas para ofrecérmelos con sinceridad), con callada sabiduría mortal; los da todos y en perfección. Es ese el quid del sentimiento.
Cualquier chica, y no digo todas, que tenga adornando su parte abdominal con algunos pliegues o supuesta “pansita(sota)” (mi madre las llama costillas flotantes), pasa por etapas conectadas e intercaladas con estados de ánimo y en relación con actuales modelos de perfección física femenina. Esto a mi parecer, claro, y a mi vivencia.
Primero está la etapa en la que tras un viaje interestelar se descubre La Pansa. El grito más famoso de Edvar Munch muestra claramente cuál es nuestra reacción tras el terrible hallazgo, aunque por un lapso irregular de tiempo se adopta la actitud de “a una la quieren por cómo es interiormente”. Se busca la paz y se encuentra, pero como sin querer la cosa, el viento de la micro-sociedad que habita en nuestro cerebro comienza a susurrarnos “podrías estar mucho mejor, ¿ya te viste al espejo?”, así que acudimos al más cercano y por alguna razón del subconsciente, nos encontramos deformes y feas (otra vez El grito nos viene perfecto). Luego entonces una ligera depresión nos hace bajar la guardia y abrir la boca: Palomitas, helados, Twinkys, chocolates y demás deliciosuras grasosas y azucaradas tienen una gran bienvenida en las profundidades de La Pansa. El consumo de esta comida se ve aumentado si es ingerido al ver cualquier cosa en la tele; ya no hay programa, película o canal en el que no salga una joven con poca ropa y mucho…que ver (para los hombres, claro, y ésta afirmación es la que nos hunde más en la depresión). Pero entonces, en un trance de éxtasis y sueño se abren los ojos y un sentimiento guerrero se despierta en nosotras, dejando una voz segura en nuestros labios: “Mañana mismo al gimnasio”, “Me voy a poner bien buena”, y la que es más peligrosa en palabras “Me voy a poner a DIETA”. Ahora hay dos vertientes: si se logra llegar al peso y forma decidida por la persona, ya no hay más que decir (sólo un sincero Felicidades), la chica sube su autoestima y se terminan las etapas que vamos narrando aquí. Pero si lo contario es lo que sucede y no se llega al peso que se deseaba, tristemente se repiten todas las etapas anteriores. Cabe recalcar, que las etapas varían en tiempo y orden para cada quien, pero sigue siendo un desesperante circulo vicioso.
Si tuviera que dar mi opinión, una busca estar sana y feliz con su cuerpo, con su vida. Ayer pensaba que me encontraba en un limbo entre la de depresión-ejercicio, pero reflexionándolo hoy, prefiero cavar un hoyo y salirme por la etapa de felicidad y aceptación de mi misma, y dejar a tras aquel remolino interminable de inconformismo físico.
[1]
La noche se lo come todo. Mis palabras y estos labios en la boca de la oscuridad, el silencio arrancando los augurios mal planteados por las lunas de la fatalidad. Y quedan las miradas, encontradas y lejanas, sentadas en caras, deformadas por sus mismas sombras y rogantes por la muerte del parpadeo que las encierra en una doble realidad. La noche no nos mira, sólo nos enseña su negro paladar. Es dolor, callado alimento, sensaciones de fatiga; un beso despedido y canciones para desarmar. Pero la noche no es castigo, es consecuencia; deja que el tiempo ponga el golpe en mano y al sentimiento en nuestro pozo. Muerde, desgarra y nos reencarna. Ya no se espera nada, la noche tiene hambre, la noche baja y entra en mi alma.
Con el rostro que dan las letras leídas por café y por marzo, por tarde y por suerte, miré la calle que orgullosa va permitiendo pasos y seguí esa marcha indefinida, callando todo -Cortázar aún hablaba dentro-, respirando la tibia incertidumbre de la noche multiplicada y borrando el camino que dejó de ser de otros. Juegos de memoria en mis ojos, mentiras que por ciertas no obligan,el ruido quejumbroso de otro día yéndose y la felicidad que éste ha dejado. Al mismo destino llego pero con un camino que bello y frágil toma como adjetivos reales. Ahora Cortázar calla y Drexler canta. Amar la trama más que el desenlace, me dice, y yo dejando la marcha que ya veía mi huida, paso la puerta y la trama comienza.
Digamos que la noche no ocultó tu rastro y entró a mis ojos buscando tu luz.
No es ceguera ni locura, es la ausencia de un saludo y el aliento que perfuma las ideas que uno crea.
A escribir; a escribir sin buscar nada más que el mero placer de soltar las palabras que se relacionan con algunos de mis pensamientos, su por qué y su después.